El Cristo De Espaldas
Eduardo Caballero Calderón
Reseñado por: Juan David Ortiz Q.
Lectura: 14 Noviembre 2009 – 18 Noviembre 2009
Narra la historia de un joven sacerdote, cuyos dotes y actitudes celestiales lo hicieron digno de merecer una beca para especializarse en las doctrinas de la fe y poder crecer en las jerarquías de la iglesia por su piedad, aunque él joven tenía otros ideales para su vida religiosa y por temor a pecar de orgullo, rogó a sus superiores que lo enviaran a un curato retirado y privado de todas comodidades para poder por medio de su sacrificio, ser más humilde.
Contra la voluntad del señor obispo y mentor de aquel cura, lo envían a un paramo totalmente apartado de las leyes de Dios o del hombre civilizado, era un pueblo que a raíz del frio que bordeaba sus cumbres, había endurecido además los corazones de sus habitantes. Con sorpresa el cura empieza a darse cuenta de la lucha cazada que se tienen los liberales y lo conservadores, con la prevalencia de los azules en aquel pueblo.
El partido conservador en la cabeza de Don Roque, habían matado y expulsado a la mayoría de liberales del paramo y los habían enviado a Llano Redondo, allí ellos vivían bajo el amparo del máximo líder liberal de la zona Don Pio Quinto Flechas.
La novela se desarrolla en el preciso momento en que el padre llega al páramo y se encuentra con su sacristán llamado por todos “el Cari cortao” por un accidente que el pobre sufrió en la cara, a la par que el padre llega, en casa de Don Roque, se está firmando la sucesión de la herencia de la mamá de Anacleto, hijo de Don Roque, quien era sobrino de Don Pio Quinto Flechas y por quien había aprendido a ser liberal, por supuesto la relación entre Don Roque y su hijo era la peor, al punto que cuando Anacleto era apenas un niño, Don Roque lo echó y él menor juro vengarse cuando tuviera edad de heredar.
Como si aquella promesa se hubiese convertido en una maldición, al día siguiente de la firma de los documento, amanece Don Roque muerto y Anacleto huyendo de la gente del pueblo que lo buscan para matarlo, no quedándole mas opción al muchacho, busca al padre quien complacido, pero dudoso decide ayudarlo al punto de ponerse contra el alcalde, el notario, el juez y Anarcarsis, hijo también de Don Roque pero con otra mujer. Anacleto jura hasta el último momento ser inocente, pero eso no le importo al alcalde quien lo coge preso y ordena matarlo, para la gracia del muchacho, el cura interviene arriesgando su propia vida para salvar la de él.
El cura tiene problemas con todos en aquel pueblo, pues María Encarna una mujer viuda a causa de los conservadores y por supuesto liberal, llega a pedirle auxilio a la casa cural, y él con el amor de Cristo la recibe y esto es motivo de disgusto para todos en el paramo. Las exigencias del joven sacerdote no eran muchas, puesto que él no estaba defendiendo a Anacleto, solo pedía un juicio justo y un mejor trato, aunque las decisiones del alcalde eran otras, puesto que ya había ordenado matar a todos los liberales de los alrededores y quemar sus tierras, obligando a Don Pio Quinto Flechas a rendirse y así asegurar el triunfo de los azules en la zona.
El padre logra llevar a Anacleto, a María Encarna y sus hijos, a tres presos liberales que vivían en una vereda cercana con sus esposas y quienes injustamente fueron tomados presos, con la compañía de los guardias del alcalde y de “el Cari Cortao” hasta el otro pueblo cercano al paramo, allí meten preso en una cárcel un tanto más segura a Anacleto con los tres liberales, y María Encarna se queda en el convento con sus hijas.
Al llegar allá el sacerdote conversó con el padre que antes estaba en el paramo, quien le hablo mal de todos y le aseguro que lo que al paramo le convenía rea un padre que se comportara como un macho, no que fuera tan orador y fervoroso como el joven, al hablar con las monjas de aquel pueblo, ellas le envían al notario y a su esposa Ursulita a su hija, Belencita, quien fue escondida allí para ocultar su embarazo.
Un poco desilusionado y tentado por Belencita que era terribilísima el padre vuelve al paramo aunque por el camino se encuentran con un Sargento que les brinda protección, porque ya se había comenzado la casería de los rojos como se había planeado, en el camino hieren a un guardia y de gravedad al sacristán, éste ultimo recibe auxilio del sacerdote y en confesión admite que fue él, el Cari Cortao, quien mató a Don Roque, pero que alguien más le había pagado para hacerlo. Como no aguanto la herida el sacristán muere y el sacerdote queda con la tranquilidad de saber que Anacleto no mintió, pero con la impotencia de saber que era un secreto de confesión y no podía hacer nada.
Con su regreso a la iglesia, el joven cura recibe la más injusta de las cartas enviada de parte de obispo, quien le regaña por su actuar en aquel pueblo, por inmiscuirse en asuntos que no le importaban y de índole político, le aseguro que era un desobediente y que había recibido carta de queja del notario, del alcalde, del gobernador que casi nada tenía que ver, carta del cura viejo con quien se encontró en el otro pueblo y en fin, todos quejándose de la mala acción del cura, asegura el autor en el libro que el obispo dice: “desde tu llegada la vida para ellos se convirtió en un infierno” y por supuesto la carta informa que el padre debe regresar a formar su fe de nuevo al seminario y que deberá enseñar gramática a los niños por que en teoría el Cristo para él, le volvió la espalda.
El autor no es preciso pero hace creer que el notario fue quien mando matar a Don Roque e inculpar a Anacleto, sin más que hacer el padre abandona como un culpable y el peor de los miserables el pueblo a cumplir con lo impuesto por el obispo.
Por supuesto que recomiendo ésta novela, porque en mi manera de ver es el reflejo del pago que muchos justos deben hacer en nuestras tierras colombianas por las fechorías de los malos, además la incansable guerra bipartidista que siempre ha sufrido nuestro país, y que sigue teniendo solo que con mas fichas en la partida, pero que poco a poco ha ido manchando y desangrando a nuestras gentes. Además la figura de lo que yo consideraría un santo, a pesar de sus buenas acciones, el cura joven es acusado sin sentido por el pueblo, por sus superiores, hasta por Dios, quien sabe, pero que a pesar de lo sucedido, siempre enseña con su ejemplo la entrega que nos enseña Cristo, y como se debe portar con beatitud un corazón cristiano, a pesar de todo sigue siendo santo y sin rencores.
Eduardo Caballero Calderón
Reseñado por: Juan David Ortiz Q.Lectura: 14 Noviembre 2009 – 18 Noviembre 2009
Narra la historia de un joven sacerdote, cuyos dotes y actitudes celestiales lo hicieron digno de merecer una beca para especializarse en las doctrinas de la fe y poder crecer en las jerarquías de la iglesia por su piedad, aunque él joven tenía otros ideales para su vida religiosa y por temor a pecar de orgullo, rogó a sus superiores que lo enviaran a un curato retirado y privado de todas comodidades para poder por medio de su sacrificio, ser más humilde.
Contra la voluntad del señor obispo y mentor de aquel cura, lo envían a un paramo totalmente apartado de las leyes de Dios o del hombre civilizado, era un pueblo que a raíz del frio que bordeaba sus cumbres, había endurecido además los corazones de sus habitantes. Con sorpresa el cura empieza a darse cuenta de la lucha cazada que se tienen los liberales y lo conservadores, con la prevalencia de los azules en aquel pueblo.
El partido conservador en la cabeza de Don Roque, habían matado y expulsado a la mayoría de liberales del paramo y los habían enviado a Llano Redondo, allí ellos vivían bajo el amparo del máximo líder liberal de la zona Don Pio Quinto Flechas.
La novela se desarrolla en el preciso momento en que el padre llega al páramo y se encuentra con su sacristán llamado por todos “el Cari cortao” por un accidente que el pobre sufrió en la cara, a la par que el padre llega, en casa de Don Roque, se está firmando la sucesión de la herencia de la mamá de Anacleto, hijo de Don Roque, quien era sobrino de Don Pio Quinto Flechas y por quien había aprendido a ser liberal, por supuesto la relación entre Don Roque y su hijo era la peor, al punto que cuando Anacleto era apenas un niño, Don Roque lo echó y él menor juro vengarse cuando tuviera edad de heredar.
Como si aquella promesa se hubiese convertido en una maldición, al día siguiente de la firma de los documento, amanece Don Roque muerto y Anacleto huyendo de la gente del pueblo que lo buscan para matarlo, no quedándole mas opción al muchacho, busca al padre quien complacido, pero dudoso decide ayudarlo al punto de ponerse contra el alcalde, el notario, el juez y Anarcarsis, hijo también de Don Roque pero con otra mujer. Anacleto jura hasta el último momento ser inocente, pero eso no le importo al alcalde quien lo coge preso y ordena matarlo, para la gracia del muchacho, el cura interviene arriesgando su propia vida para salvar la de él.
El cura tiene problemas con todos en aquel pueblo, pues María Encarna una mujer viuda a causa de los conservadores y por supuesto liberal, llega a pedirle auxilio a la casa cural, y él con el amor de Cristo la recibe y esto es motivo de disgusto para todos en el paramo. Las exigencias del joven sacerdote no eran muchas, puesto que él no estaba defendiendo a Anacleto, solo pedía un juicio justo y un mejor trato, aunque las decisiones del alcalde eran otras, puesto que ya había ordenado matar a todos los liberales de los alrededores y quemar sus tierras, obligando a Don Pio Quinto Flechas a rendirse y así asegurar el triunfo de los azules en la zona.
El padre logra llevar a Anacleto, a María Encarna y sus hijos, a tres presos liberales que vivían en una vereda cercana con sus esposas y quienes injustamente fueron tomados presos, con la compañía de los guardias del alcalde y de “el Cari Cortao” hasta el otro pueblo cercano al paramo, allí meten preso en una cárcel un tanto más segura a Anacleto con los tres liberales, y María Encarna se queda en el convento con sus hijas.
Al llegar allá el sacerdote conversó con el padre que antes estaba en el paramo, quien le hablo mal de todos y le aseguro que lo que al paramo le convenía rea un padre que se comportara como un macho, no que fuera tan orador y fervoroso como el joven, al hablar con las monjas de aquel pueblo, ellas le envían al notario y a su esposa Ursulita a su hija, Belencita, quien fue escondida allí para ocultar su embarazo.
Un poco desilusionado y tentado por Belencita que era terribilísima el padre vuelve al paramo aunque por el camino se encuentran con un Sargento que les brinda protección, porque ya se había comenzado la casería de los rojos como se había planeado, en el camino hieren a un guardia y de gravedad al sacristán, éste ultimo recibe auxilio del sacerdote y en confesión admite que fue él, el Cari Cortao, quien mató a Don Roque, pero que alguien más le había pagado para hacerlo. Como no aguanto la herida el sacristán muere y el sacerdote queda con la tranquilidad de saber que Anacleto no mintió, pero con la impotencia de saber que era un secreto de confesión y no podía hacer nada.
Con su regreso a la iglesia, el joven cura recibe la más injusta de las cartas enviada de parte de obispo, quien le regaña por su actuar en aquel pueblo, por inmiscuirse en asuntos que no le importaban y de índole político, le aseguro que era un desobediente y que había recibido carta de queja del notario, del alcalde, del gobernador que casi nada tenía que ver, carta del cura viejo con quien se encontró en el otro pueblo y en fin, todos quejándose de la mala acción del cura, asegura el autor en el libro que el obispo dice: “desde tu llegada la vida para ellos se convirtió en un infierno” y por supuesto la carta informa que el padre debe regresar a formar su fe de nuevo al seminario y que deberá enseñar gramática a los niños por que en teoría el Cristo para él, le volvió la espalda.
El autor no es preciso pero hace creer que el notario fue quien mando matar a Don Roque e inculpar a Anacleto, sin más que hacer el padre abandona como un culpable y el peor de los miserables el pueblo a cumplir con lo impuesto por el obispo.
Por supuesto que recomiendo ésta novela, porque en mi manera de ver es el reflejo del pago que muchos justos deben hacer en nuestras tierras colombianas por las fechorías de los malos, además la incansable guerra bipartidista que siempre ha sufrido nuestro país, y que sigue teniendo solo que con mas fichas en la partida, pero que poco a poco ha ido manchando y desangrando a nuestras gentes. Además la figura de lo que yo consideraría un santo, a pesar de sus buenas acciones, el cura joven es acusado sin sentido por el pueblo, por sus superiores, hasta por Dios, quien sabe, pero que a pesar de lo sucedido, siempre enseña con su ejemplo la entrega que nos enseña Cristo, y como se debe portar con beatitud un corazón cristiano, a pesar de todo sigue siendo santo y sin rencores.








