viernes, 11 de diciembre de 2009

El Cristo De Espaldas

El Cristo De Espaldas
Eduardo Caballero Calderón

Reseñado por: Juan David Ortiz Q.
Lectura: 14 Noviembre 2009 – 18 Noviembre 2009

Narra la historia de un joven sacerdote, cuyos dotes y actitudes celestiales lo hicieron digno de merecer una beca para especializarse en las doctrinas de la fe y poder crecer en las jerarquías de la iglesia por su piedad, aunque él joven tenía otros ideales para su vida religiosa y por temor a pecar de orgullo, rogó a sus superiores que lo enviaran a un curato retirado y privado de todas comodidades para poder por medio de su sacrificio, ser más humilde.

Contra la voluntad del señor obispo y mentor de aquel cura, lo envían a un paramo totalmente apartado de las leyes de Dios o del hombre civilizado, era un pueblo que a raíz del frio que bordeaba sus cumbres, había endurecido además los corazones de sus habitantes. Con sorpresa el cura empieza a darse cuenta de la lucha cazada que se tienen los liberales y lo conservadores, con la prevalencia de los azules en aquel pueblo.

El partido conservador en la cabeza de Don Roque, habían matado y expulsado a la mayoría de liberales del paramo y los habían enviado a Llano Redondo, allí ellos vivían bajo el amparo del máximo líder liberal de la zona Don Pio Quinto Flechas.

La novela se desarrolla en el preciso momento en que el padre llega al páramo y se encuentra con su sacristán llamado por todos “el Cari cortao” por un accidente que el pobre sufrió en la cara, a la par que el padre llega, en casa de Don Roque, se está firmando la sucesión de la herencia de la mamá de Anacleto, hijo de Don Roque, quien era sobrino de Don Pio Quinto Flechas y por quien había aprendido a ser liberal, por supuesto la relación entre Don Roque y su hijo era la peor, al punto que cuando Anacleto era apenas un niño, Don Roque lo echó y él menor juro vengarse cuando tuviera edad de heredar.

Como si aquella promesa se hubiese convertido en una maldición, al día siguiente de la firma de los documento, amanece Don Roque muerto y Anacleto huyendo de la gente del pueblo que lo buscan para matarlo, no quedándole mas opción al muchacho, busca al padre quien complacido, pero dudoso decide ayudarlo al punto de ponerse contra el alcalde, el notario, el juez y Anarcarsis, hijo también de Don Roque pero con otra mujer. Anacleto jura hasta el último momento ser inocente, pero eso no le importo al alcalde quien lo coge preso y ordena matarlo, para la gracia del muchacho, el cura interviene arriesgando su propia vida para salvar la de él.

El cura tiene problemas con todos en aquel pueblo, pues María Encarna una mujer viuda a causa de los conservadores y por supuesto liberal, llega a pedirle auxilio a la casa cural, y él con el amor de Cristo la recibe y esto es motivo de disgusto para todos en el paramo. Las exigencias del joven sacerdote no eran muchas, puesto que él no estaba defendiendo a Anacleto, solo pedía un juicio justo y un mejor trato, aunque las decisiones del alcalde eran otras, puesto que ya había ordenado matar a todos los liberales de los alrededores y quemar sus tierras, obligando a Don Pio Quinto Flechas a rendirse y así asegurar el triunfo de los azules en la zona.

El padre logra llevar a Anacleto, a María Encarna y sus hijos, a tres presos liberales que vivían en una vereda cercana con sus esposas y quienes injustamente fueron tomados presos, con la compañía de los guardias del alcalde y de “el Cari Cortao” hasta el otro pueblo cercano al paramo, allí meten preso en una cárcel un tanto más segura a Anacleto con los tres liberales, y María Encarna se queda en el convento con sus hijas.

Al llegar allá el sacerdote conversó con el padre que antes estaba en el paramo, quien le hablo mal de todos y le aseguro que lo que al paramo le convenía rea un padre que se comportara como un macho, no que fuera tan orador y fervoroso como el joven, al hablar con las monjas de aquel pueblo, ellas le envían al notario y a su esposa Ursulita a su hija, Belencita, quien fue escondida allí para ocultar su embarazo.

Un poco desilusionado y tentado por Belencita que era terribilísima el padre vuelve al paramo aunque por el camino se encuentran con un Sargento que les brinda protección, porque ya se había comenzado la casería de los rojos como se había planeado, en el camino hieren a un guardia y de gravedad al sacristán, éste ultimo recibe auxilio del sacerdote y en confesión admite que fue él, el Cari Cortao, quien mató a Don Roque, pero que alguien más le había pagado para hacerlo. Como no aguanto la herida el sacristán muere y el sacerdote queda con la tranquilidad de saber que Anacleto no mintió, pero con la impotencia de saber que era un secreto de confesión y no podía hacer nada.

Con su regreso a la iglesia, el joven cura recibe la más injusta de las cartas enviada de parte de obispo, quien le regaña por su actuar en aquel pueblo, por inmiscuirse en asuntos que no le importaban y de índole político, le aseguro que era un desobediente y que había recibido carta de queja del notario, del alcalde, del gobernador que casi nada tenía que ver, carta del cura viejo con quien se encontró en el otro pueblo y en fin, todos quejándose de la mala acción del cura, asegura el autor en el libro que el obispo dice: “desde tu llegada la vida para ellos se convirtió en un infierno” y por supuesto la carta informa que el padre debe regresar a formar su fe de nuevo al seminario y que deberá enseñar gramática a los niños por que en teoría el Cristo para él, le volvió la espalda.

El autor no es preciso pero hace creer que el notario fue quien mando matar a Don Roque e inculpar a Anacleto, sin más que hacer el padre abandona como un culpable y el peor de los miserables el pueblo a cumplir con lo impuesto por el obispo.

Por supuesto que recomiendo ésta novela, porque en mi manera de ver es el reflejo del pago que muchos justos deben hacer en nuestras tierras colombianas por las fechorías de los malos, además la incansable guerra bipartidista que siempre ha sufrido nuestro país, y que sigue teniendo solo que con mas fichas en la partida, pero que poco a poco ha ido manchando y desangrando a nuestras gentes. Además la figura de lo que yo consideraría un santo, a pesar de sus buenas acciones, el cura joven es acusado sin sentido por el pueblo, por sus superiores, hasta por Dios, quien sabe, pero que a pesar de lo sucedido, siempre enseña con su ejemplo la entrega que nos enseña Cristo, y como se debe portar con beatitud un corazón cristiano, a pesar de todo sigue siendo santo y sin rencores.

Una Mujer de Cuatro en Conducta, o la Quebrada de Santa Helena




Una Mujer de Cuatro en Conducta, o la Quebrada de Santa Helena
Jaime Sanín Echeverri
Séptima reedición 1987

Reseñado por: Juan David Ortiz Q.
Lectura: 8 Noviembre 2009 – 12 noviembre 2009

Escudriñando entre los estantes de la biblioteca, en la sección de literatura Colombiana, encontré este curioso libro de pasta verde en cuero y hojas de un amarillezco similar al de las hojas de los arboles, cuando caen en el otoño de los países que tienen estaciones, pues bien al abrirlo siento el olor a viejo del simpático libro, que me hace pensar en la cantidad de gente que pudo haberle leído.

Es una novela de los años treinta, cuando al parecer la situación económica en el país comenzaba a cambiar, relata la vida de una Medellín tradicional, central, a portas de la industrialización, muy católica y fervorosa, aunque en realidad, más que mostrarnos la ciudad, lo que hace es un relato de la vida de Helena Restrepo, una muchacha que vivía en su adolescencia con su padre Marco Antonio Restrepo, él era peón en las tierras de la familia Alfaro en Santa Clara Antioquia. Además de Helena, Marco Antonio tenía más hijos, aunque con vidas propias, por lo que no hacen parte importante ni de Helena, ni de la novela como tal, ellos son: Katherine, Octavio, Carlos, Felipe, Marco, Enrique, Flora, Romelia, Carlota.

El sueño para Helena fue ir a la capital a ganarse la vida, el autor y personaje a la vez, hace un símil entre la vida de Helena y la quebrada de Santa Elena, por la viveza y la fuerza con la que corrían entre los campos de Santa Clara para llegar a Medellín. Al poco tiempo Helena cumple sus ideales y se ubica a trabajar en la casa de Roque Alfaro y su esposa Susana de Alfaro, a pesar de que siempre fue una trabajadora ejemplar, ella fue despedida por la señora de la casa, al darse cuenta que Helena guardaba entre sus pertenencias, un retrato de su hijo Rodrigo Alfaro y en su corazón un profundo amor. No quedándole más opción, Helena trata de conseguir trabajo en casa de Doña Locadia y de otras amistades dignas de la señora Susana, aunque le fue difícil y a medida que su angustia fue aumentando Graciela Alfaro, quien se convierte con el tiempo en la Madre San Ildefonso, trata de auxiliar a la muchacha con las hermanas Del Buen Pastor, con el agravio de que a esa muchacha no le interesaba ser monja ni ser esclava y se escapó. Al término de su angustia consiguió un puesto en la fábrica de Coltejer y una posada en el inquilinato de doña soledad.

Helena conoce a un muchacho llamado William, quien con promesas de matrimonio, se la lleva a la cama, y al parecer en esa época, que una mujer perdiera la virginidad y no estuviera en santo matrimonio, era una mujer desgraciada. Las cosas tendían a ser más difíciles con el tiempo, ya que queda embarazada y en su angustiosa necesidad de enmendar el error, conoce en la fábrica a Pablo Pérez, quien le ofrece casarse con ella, y ella sin más remedio lo acepta.
La imagen de Helena en la fábrica tiende a envilecer por las circunstancias de su embarazo. Don Benigno Argaez intenta abusar de ella, por su belleza y porque el hecho de estar embarazada sin haberse casado, era motivo de tacharla como sinvergüenza, eso y los chismes constantes de las compañeras de trabajo, hicieron que a Helena la despidieran de la fábrica. Para pagarle a doña soledad el arriendo de su casa, debió pedir limosnas, empeñar sus vestidos y por último, recibir un préstamo del autor y personaje quien le ayudo a respirar en cuanto a sus deudas y le consiguió trabajo en el café del medio día como mesera, pero al cabo de algún tiempo ya era supervisora.

En el café cogió la mala costumbre de tomar y fumar hasta el hastío, lo que ocasionó que la despidieran, aunque para su bien, conoció en el café a Don Arturo puentes, quien le ofreció manejar su negocio de prostitutas y por supuesto la convirtió en una de ellas, luego de formalizar su profesión, ella se pinta el pelo y cambia su nombre como se había vuelto su costumbre, ya que le enseñaron a que en cada trabajo se le llamaba no como Helena Restrepo, sino con números o con nombres distintos a los de las dueñas que se llamaran como ella, así que en ésta nueva faceta ella es Doris de la Fontaine.

Por esas cosas de la vida Don Arturo puentes decide suicidarse, no obstante las autoridades consideraban que había sido un asesinato y que Helena era la culpable, por lo que madame de La Fonatine fue metida presa, hasta que se descubre la verdad de lo ocurrido. Tras todos estos sucesos, Helena es consciente de su desgracia y considera que todo ha sido culpa de su belleza, ella opta por raparse la cabeza y quitarse los dientes, luego asiste donde la Madre San Idelfonso quien le consuela y le recibe como una hermana de la comunidad, su amado Rodrigo y hermano de la madre, también se vuelve religioso y la visita, lo que concluye su ciclo hasta morir.

Me encanto a cada palmo los misterios de éste libro, a pesar de que su contenido es fuerte, más para la época, el autor maneja un lenguaje sutil, que apenas si deja ver lo libidinoso y lo poco aceptable por la sociedad de su tiempo, me agrada la semejanza que hace entre Helena y la quebrada de Santa Elena, ya que afirma que como la quebrada juntas salen de Santa Clara, puras y cristalinas, pero al llegar a Medellín, se juntan con la podredumbre de la ciudad y se vuelven malas aguas. Relata otro tipo de conflictos morales y religiosos, como las obras Colombianas, pero al menos aquí no se manifiesta el conflicto entre conservadores y liberales como es la costumbre. Se deja al descubierto un pensamiento filosófico y libertino, aunque puro a ratos, como lo era el de Helena, una indignación porque la llamen con un numero, o que no se tengan en cuenta sus apellidos, el pudor y respeto que hizo ganar con una bofetada cuando intento el vigilante de la fabrica sobre pasarse con ella y en fin, todos sus pensamientos tan sabios que no se esperan de una campesina.

Recomiendo ésta obra, porque es sencillamente fascinante, gusta la manera en la que está escrita, la moraleja que nos brinda a todos los cristianos y practicantes sobre la santidad y el amor, hacer una contextualización de lo que era la vida para las mujeres y para todos en los años treinta, deja al descubierto lo que era importante en esa época y lo que significan las urbes para las personas rurales, en fin, éste es un gusto que usted no se debe dejar de dar.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Cóndores No Entierran Todos Los Días







Cóndores No Entierran Todos Los Días
Gustavo Álvarez Gardeazabal

Reseñado por: Juan David Ortiz Q.
Lectura: 3 Noviembre 2009 / 6 Noviembre 2009-11-07





La novela contextualiza al lector en las calles y las casas de Tuluá en el período de 1949 tras la muerte de Gaitán, hace un importante paralelo entre la realidad que se vivió en la época, cuando la guerra entre liberales y conservadores estaba cobrando clandestinas muertes, de liberales en su mayoría. Deja ver la participación de periodos presidenciales, y la mezcla entre funcionarios de gobierno y la delincuencia por el poder político. Cabe resaltar de la obra la vida en tierra caliente, la participación de la iglesia, como es costumbre dentro de pueblos tan católicos como los de Colombia, las costumbres de Tuluá y los lugares más representativos del eje cafetero.

Pues bien, dentro de la descripción anterior, se relata la vida de León María Lozano un quesero conservador, quien tenía su puesto de trabajo en la Galería, y quien posteriormente terminaría convirtiéndose en el cóndor, se casó con Agripina a la edad de diecisiete años, mientras tuvo a la vez dos hijas con otra señora, que murió en la niñez de sus hijas dejándolas a cargo de León María y su esposa. Como padre, fue una persona muy celosa al igual que como esposo, a pesar de que Agripina nunca le dio motivo, siempre la mantenía vigilada y encerrada, y con sus hijas pasaba igual, aunque en especial con Amapola, quien tuvo amoríos con Pancho Rentaría, y quien celosamente le alejaba de todos modos para que no se viera con su niña. Al punto tal que envió a sus hijas a un internado de monjas en Manizales.

León María en un conservador consagrado a su partido, como los de la época, siempre se le veía puntual en misa de seis de la mañana, pagando los tributos a su partido, leyendo el periódico “El Siglo” y oyendo la emisora “La Voz Católica” porque no eran de corte liberal , además siempre se le ve a pesar de las habladurías, colaborando y pidiendo concejo a su director espiritual el Padre González, quien a su vez estaba en gestiones para construir el monasterio de la orden de los Jesuitas en Tuluá.

A raíz de los sucesos del 9 de abril de 1949 y por tratar de evitar el golpe cívico que se estaba gestando en Tuluá, al igual que en todo Colombia, León María descubre su fortaleza y bravura, es por eso que se reúne con la junta de su partido e intentan frenar a los liberales, organizados en rebelión por el naciente gobierno de corte conservador en su totalidad.

Allí nace la hazaña de El Cóndor quien a toda costa se convierte en un vengador, y se alza la suma de veinticinco muertos liberales por día, aunque él no era quien personalmente los matara, sino quien organizaba los escuadrones de limpieza y les coordinaba, después, aparecían los muertos declarados siempre como NN.

La seguridad para León María se empezó a debilitar por los numerosos intentos de asesinato que tuvieron contra él, en una ocasión intentaron matarlo con un queso envenenado y en una más con un incendio en la Galería, así que debió refugiarse en Pereira, aunque un día viajando de Pereira a Manizales para visitar a sus hijas, el taxista, por que los moralismos de León María no le permitían ostentosos autos, lo acecina propinándole dos tiros en la cabeza llegando a Manizales y acabando con la suerte del Cóndor.

Recomiendo ésta obra, porque nos transporta en el tiempo, a la raíz del conflicto político, muchas generaciones jóvenes, pensamos que es a causa de la actual situación política de nuestro país, que los ideales se han convertido en una literal guerra entre bandos o partidos, y obras como ésta, nos muestran que la realidad es la suma de todos los sucesos del pasado, y que si hacemos un paralelo, las cosas han tendido a mejorar, al parecer. También deja en evidencia, como lo dije en un principio, algunas de las costumbre y de los comportamientos, que caracterizan y han caracterizado a nuestra Colombia, como los conventos que a lo largo de la historia han sido por medio de campanas el replique de nuestros males a través de los tiempos, o los dichos y los actuares de la gente de tierra caliente, o aquel fanatismo que caracteriza al colombiano, y que siempre le obliga a entregarse a muerte por lo que le encapricha…